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Alcalá de Guadaíra es una ciudad destacable por muchos aspectos. Situada muy cerca de Sevilla, con un patrimonio histórico por descubrir y promocionar (el Castillo de Alcalá es la mayor fortaleza almohade de Europa) y un entorno natural privilegiado que ha inspirado a numerosos artistas. Tiene la ventaja de disponer de todos los servicios de la capital de Andalucía sin sufrir su bullicio, algo que no ocurre en poblaciones más alejadas como Carmona o Utrera y menos tranquilas como Dos Hermanas. En lo cuantitativo, cuenta con el mayor núcleo industrial de Andalucía, dando empleo no sólo a la población local sino a los ciudadanos de los municipios del entorno (Dos Hermanas, Sevilla). Situada a unos 14 kilómetros de Sevilla, es el municipio que más energía consume de la provincia (quizá de Andalucía) debido a su importante industria pesada situada en sus polígonos industriales. Es la patria del Albero que realza y da brillo y esplendor a las plazas de toros de todo el mundo. El río que la atraviesa y que le da nombre, el Guadaira, es uno de los más contaminados de Europa, debido al alpechín que vierten sin apenas recato las empresas aceituneras río arriba. Alcalá ya era un pueblo industrial antes de la década de los 60 del pasado siglo, dedicada fundamentalmente a los negocios del pan y la aceituna. Pero fue en esa década, con la implantación de los Polígonos Industriales en la carretera que la une a Sevilla, cuando la ciudad empezó a crecer. Por su tradición industrial y no nobiliaria, no existían edificios señoriales destacables como en otras poblaciones, pero sí había casas de la burguesía y casas populares de indudable interés. La emigración fue casi inexistente, de hecho Alcalá se convirtió en receptora de inmigrantes de las zonas rurales colindantes. Las casas de autoconstrucción fueron copando los cerros periféricos. Se trata de un lugar agradable para vivir. La vida no es demasiado cara y su estilo de vida es muy sociable y gratificante. Tomar un tocino de cielo en la Centenaria, en la calle La Mina; beber un "Betis" con un "ligaito" en el Baltanás, en la calle Mairena; desayunar mollete con aceite y jamón en el "Sevilla-Betis" en la barriada de los Toreros; comer de tapas en La Albahaca, el kiosco del Mataero, casa Antonio o deleitarse con las especialidades alcalareñas del Restaurante Mario en la Cruz del Inglés y terminar con una buena copa en El Resbalón, en la calle La Plata. Son éstas, sugerencias que pueden ayudar a una buena integración en la ciudad.