Épica

Género literario en el cual el autor presenta de forma objetiva hechos legendarios o ficticios desarrollados en un tiempo y espacio determinados. El autor usa como forma de expresión habitual la narración, aunque pueden ser también la descripción y el diálogo.

En la épica se encuadran los siguientes subgéneros:

La epopeya
El poema épico
El cantar de gesta
El romance
El cuento
La novela

Table of contents
1 COMPONENTES BÁSICOS DEL GÉNERO ÉPICO
2 La intriga
3 el personaje
4 el espacio
5 el tiempo
6 el punto de vista
7 NARRATIVA E HIPERTEXTUALIDAD
8 Introducción
9 La hiperficción

COMPONENTES BÁSICOS DEL GÉNERO ÉPICO

La intriga

La intriga es la trama o argumento, lo que pasa, lo que se cuenta. La forman los sucesos, expuestos en orden artificial o artístico.

La intriga se puede mostrar en el discurso de dos modos:

  1. Desde el comienzo o ab initio. La sucesión de los acontecimientos parte de un embrión de historia que se desarrolla en una sucesión lineal.
  2. En su transcurso o in medias res: en pleno nudo argumental, con posteriores retrocesos; el argumento no se desarrolla linealmente.

Estructura de la intriga

Si el discurso sigue un orden regido por una cronología o temporalidad objetiva, la intriga tiene una escritura lineal. Cuando se altera el orden de los sucesos, la intriga se presenta como discontinua o no lineal. Cuando la intriga se ofrece linealmente, es decir, cuando la relación de los sucesos es acorde con la sucesión lógica de la temporalidad objetiva, la estructura de la intriga progresa hasta alcanzar un momento sublime, llamado clímax argumental. En las novelas de intriga lineal el clímax es el momento de solución definitiva y estable del proyecto emprendido.

Una de las características de la novela de este siglo es la pérdida de relevancia de la intriga. La narración se centra en anécdotas cotidianas para ofrecer un desarrollo simbólico de las limitaciones y relatividades del hombre.

el personaje

El personaje de novela no es un ser aislado: la definición de un personaje radica en cómo es y cómo lo ven los otros, qué relaciones establece con sus ayudantes y adversarios. Un personaje está también conformado por el ambiente.

El nombre

La nominación puede ser meramente funcional, pero también puede aportar una significación. El nombre de los personajes es un primer rasgo caracterizador: lo distingue de otros personajes. Esta caracterización puede ser muy elemental cuando es sólo designativa. Pero el nombre puede caracterizar también de un modo expansivo (y no sólo designativo): puede aludir a su incrustación social (La regenta), resaltar un atributo material, describir un rasgo moral (San Manuel Bueno, mártir o El amigo Manso), señalar un oficio, exponer la actitud del narrador.

La caracterización

Caracterizar a un personaje es dotarlo de atributos materiales, temperamentales, morales, ideológicos, etc.

Ésta puede ser de dos modos: directa e indirecta. Es directa cuando explícitamente se dice cómo es el personaje. Es frecuente en el relato tradicional. Puede ser hecha por tres sujetos: el narrador, otro personaje y el propio personaje describiéndose a sí mismo.

Tipología y funciones

  1. El sujeto o protagonista es el que más aparece en escena, quien permanece como centro de las relaciones; suele estar dotado con los atributos del héroe.
  2. El objeto es la representación de lo deseado o perseguido.
  3. El oponente o antagonista es quien se enfrenta al sujeto, representando obstáculos.
  4. El emisor o donante es cualquier personaje en situación de ejercer algún tipo de influencia sobre el destino del objeto.
  5. El receptor o beneficiario es el que obtiene el objeto anhelado, generalmente el héroe, pero no siempre, sobre todo en determinadas secuencias del relato.
  6. El ayudante presta su colaboración a alguna de las fuerzas actuantes, que normalmente son el sujeto o su oponente.

Hay que tener en cuenta que los seis tipos no siempre aparecen.

el espacio

El relato evoca un complejo de experiencias humanas determinadas en el tiempo y en el espacio.

El espacio colabora decisivamente en la configuración positiva o negativa del personaje.

Las funciones espaciales

  1. Función referencial: El espacio del relato representa el universo tal y como lo conocemos.
  2. Función simbólica: El espacio describe simbólicamente una característica del personaje o bien es símbolo del mundo exterior al relato (“La biblioteca de Babel”). Determinados estados de ánimo de un personaje se representan muy bien en un lugar. El contraste de escenarios -cerrados/abiertos, reducidos/extensos- puede simbolizar estados anímicos del personaje.
  3. Función narrativa: Los diferentes emplazamientos del relato dibujan diversas estructuras estrechamente relacionadas con la historia que se cuenta. Hay varios tipos:

-Recorrido boomerang: es el modelo típico de las novelas de viaje (de aventuras); Suele consistir en un alejamiento del ámbito propio (A). Éste propicia un vagar por lugares diferentes (B, C, D, E,...) para, finalmente, retornar al ámbito primero (A’). Aunque quien regresa ya no es el mismo; se ha producido una transformación. Este modelo espacial es el de La odisea y El Quijiote.

-Recorrido de expulsión o destierro: Surge del modelo anterior. El recorrido parte de una localización inicial -A- y un alejamiento de ésta, sin que, por lo general, la última residencia sea especialmente significativa. Un ejemplo de este recorrido lo vemos en las novelas picarescas o en Pascual Duarte.

-Recorrido en el laberinto; espacio cerrado: El espacio de la historia es cercado. Obviamente este espacio se fragmenta en estancias o puede constituirse en un laberinto de pasillos y celdillas (La Colmena). Por lo general, son escenarios absolutos, que no hacen referencia al mundo exterior, sino que sumen en una dimensión simbólica y mítica (Cien años de soledad).

el tiempo

La literatura es un arte temporal. Los distintos estratos de temporalidad se podrían resumir así:

-Temporalidad externa o extratextual. Como su nombre indica, es la que se refiere al momento de producción y de consumo de la obra. Habrá, por lo tanto, un tiempo el escritor y un tiempo del lector, que pueden ser o no contemporáneos.

-Temporalidad interna o textual. Ésta, por su parte, está íntimamente relacionado con el contenido de la obra. Así, distinguiremos un tiempo de la aventura (el tiempo de la historia, de lo contado), un tiempo de la escritura (orden en que se narran los sucesos. Si este orden coincide con el tiempo de la aventura, estaremos ante un discurso lineal; si no, ante un discurso discontinuo) y un tiempo de la lectura; es decir, tiempo necesario para que la obra sea leída.

el punto de vista

Se trata de analizar el punto de vista del autor con respecto a lo que nos está contando. Atendiendo a la persona que cuenta la historia y al grado de intervención y conocimiento de la acción, puede establecerse el siguiente esquema:

NARRATIVA E HIPERTEXTUALIDAD

Introducción

El término hipertexto fue acuñado en 1981 por Theodor H. Nelson, para referirse a un tipo de texto electrónico que, compuesto por una serie de lexias (bloques de escritura) conectadas entre sí por nexos (links), permite al usuario establecer una multiplicidad de itinerarios de acceso y ampliar de modo significativo sus posibilidades de lectura. Hoy, el hipertexto tiene su exponente mayor en la World Wide Web.

El hipertexto se caracteriza por:

  1. No tener un eje primario de organización: es el lector quien, con una gran autonomía, marca su recorrido entre las lexias a través de diversas trayectorias, bien dentro de la obra o fuera de ella.
  2. Su no-linealidad y su no-secuencialidad: el hipertexto, si lo es realmente, debe abrir múltiples caminos para que sea el lector quien los recorra como buenamente quiera. Sin embargo, hemos de tener en cuenta que el hipertexto no escapa totalmente a la secuencialidad, puesto que colocar un nexo es proponer una línea a seguir.
  3. Carecer de la unidad característica de lo escrito: al suprimir la linealidad los nexos (links) contribuyen a la dispersión y fragmentación del texto en otros textos.
  4. Presentar un acceso abierto: frente al texto lineal, de acceso único, el hipertexto permite diferentes formas de llegar a cada una de las lexias; de modo que el lector puede alcanzar por diferentes caminos los distintos fragmentos de texto.

Todos estos rasgos modifican necesariamente los conceptos actuales de texto, lector, autor, etc., así como el concepto tradicional de cultura, transmitida hasta el momento en los libros y las bibliotecas. Por eso, frente a la lectura con principio y fin de un texto impreso, la utilización de los hipertextos implica la presencia de un lector más activo que el habitual, con una mayor capacidad de análisis y de asociación de ideas.

La nueva escritura hipertextual ha de inventar o reinventar una nueva retórica. Entre las figuras de la retórica clásica, hay dos a las que el hipertexto reviste de un sentido particular: la sinécdoque y la metáfora. La sinécdoque (tomar la parte por el todo o viceversa) en el hipertexto es una figura dinámica: a partir de un fragmento el lector intenta imaginar el todo, pero cada nuevo fragmento o cada nuevo recorrido le obligan a reconfigurar su visión de conjunto de una totalidad que jamás se manifestará como tal. Aplicado al hipertexto, el concepto de metáfora permite evidenciar que un determinado fragmento se presta a varias lecturas en función de los recorridos en los que se inscribe.

La hiperficción

Entendida la hiperficción como un tipo especial de novela escrita en (y para un) soporte electrónico, podemos distinguir dentro de ella dos categorías diferentes: la llamada “hiperficción constructiva” y la “hiperficción explorativa”.

La hiperficción constructiva es una creación hecha a través de la colaboración de varios autores (un “narrador” prepara el esquema de una historia y ejerce de árbitro regulando las acciones de los participantes. En este tipo de ficciones siempre hay alguien que controla no la narración pero sí la interacción, estableciendo unas reglas del juego), mientras que la explorativa suele ser obra de un solo autor quien, a través del hipertexto, crea una ficción que puede ser leída en múltiples direcciones, de tal manera que se le permite también al lector tomar decisiones sobre sus trayectos de lectura eligiendo qué nexos establecer en cada momento. Lo que ha de marcar la diferencia entre las ficciones editadas en soporte tradicional con respecto a aquellas que nacen en un entorno electrónico no es tanto la individualidad – colectividad, sino la linealidad - no linealidad. Es decir la verdadera diferencia entre unas ficciones y otras estriba en la utilización o no de las posibilidades del hipertexto. Únicamente cuando la ficción se ramifica y encierra dentro de sí, de forma real, muchas posibles ficciones, estamos ante una forma novedosa de creación literaria.

Según los estudiosos, la hiperficción debe caracterizarse (además de los rasgos ya señalados para el hipertexto, algunos de los cuales repito aquí a causa de su importancia) por:

  1. No tener un eje primario de organización: es el lector quien, con una gran autonomía, marca su recorrido entre las lexias a través de diversas trayectorias, bien dentro de la obra o fuera de ella.
  2. Su brevedad: ya que las ramas en expansión son un gran problema para autores hipertextuales, es importante centrarse en un asunto pequeño y expandirlo hacia una complejidad casi infinita.
  3. El papel fundamental de la consistencia de los personajes, que habrá de ser muy fuerte pues han de soportar una historia sin argumento o con un argumento no lineal.
  4. El hecho de que lo importante no es que haya muchos nexos (links), sino de que éstos sean realmente significativos y enriquezcan la lectura.
  5. La ausencia de linealidad, lo que implica que el argumento tampoco es algo fijo, sino que se va construyendo en cada lectura, y que las propias relaciones de causalidad entre los distintos fragmentos son determinadas por el lector. Es evidente que no se puede escribir hiperficción con el pensamiento de una única línea causal que "deba ser encontrada", sino que los distintos fragmentos han de permitir cualquier combinación dirigida por una búsqueda de sentido personal.
  6. Difuminar las fronteras entre autor y lector.
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