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Nacido como Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco y Bahamonde Salgado Pardo en Ferrol (La Coruña), se graduó de la academia militar en la ciudad de Toledo. A la edad de 23 años, por nombramiento del Rey Alfonso XIII, se convirtió en el comandante más joven en el ejército español, por su desempeño en la guerra de Marruecos. Se convirtió en general de brigada en el año 1926 siendo el más joven en toda Europa con esa graduación. En 1933, tras el triunfo de la derecha en las elecciones, es ascendido a general de división.
Participó en el alzamiento militar contra el gobierto democrático de la Segunda República Española el 18 de julio de 1936. Durante el conflicto, tras la desaparición física o retirada a un segundo plano de otros pretendientes del mismo bando al cargo, fue nombrado por la Junta de Defensa Nacional Jefe de Estado y "Generalísimo" de la zona controlada por los militares sublevados el 1 de octubre de 1936. Su gobierno se orientó inicialmente al triunfo militar sobre la España republicana. Concluida esta, impulsó una sangrienta represión hacia los perdedores (republicanos y activistas obreros) que incluyó penas de carcel, torturas y fusilamientos. Esto provocó el exilio de miles de españoles a países lejanos.
El gobierno de Franco se caracterizó por la instauración de un verdadero régimen, de tipo autoritario y totalitario, sostenido ideológicamente en el nacional-catolicismo y en parte del ideario de la Falange. Mientras, en Europa estallaba la Segunda Guerra Mundial, Franco evitó posicionarse abiertamente junto a Hitler y Mussolini, a pesar de las presiones que recibió en ese sentido por el hecho de que los dos dictadores europeos le habían apoyado durante la Guerra Civil. Permitió, sin embargo, que voluntarios españoles partiesen para apoyar a las fuerzas del Eje a través de la División Azul al frente ruso. España no llegó a entrar directamente en la Guerra. Acabada la Segunda Guerra Mundial, España tuvo que sufrir las consecuencias del aislacionismo que le impusieron naciones como Gran Bretaña y Estados Unidos. Esta situación terminó en parte con las tensiones producto de la Guerra Fría, que llevaron a Estados Unidos a colaborar con España (especialmente a partir de un pacto con los Estados Unidos en 1953 y la visita de Eisenhower a Franco en 1959) para establecer bases militares.
En los años 60, España asistió a un fuerte desarrollo económico. El desarrollo y el creciente contacto con los vecinos europeos (especialmente gracias al turismo) dieron lugar a nuevas tensiones sociales, si bien Franco no llegó a ver peligrar su poder, gracias al control que el régimen ejercía de todos los eslabones del Estado y de su carácter represivo, por el cual firmó numerosas sentencias de muerte, incluso en los últimos meses de su vida. En 1969 nombró a Juan Carlos I como su sucesor a título de rey, lo cual implicaba la restauración de la monarquía en España.
Murió tras una larga agonía, probablemente prolongada por su círculo más próximo, en Madrid el 20 de noviembre de 1975. Juan Carlos I hereda la jefatura del estado y en contra de lo planeado por el dictador, la democracia se instaura a su muerte, en un proceso conocido como transición.
A pesar de ello, su herencia política sigue siendo objeto de culto por parte de una minoría revisionista, y es activamente difundida por la Fundación Francisco Franco.
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