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Hasta 1991 no se construyó su máquina analítica, que se programó mediante fichas perforadas, gracias a la idea de la condesa Ada Lovelace (hija de Lord Byron y colaboradora con Babbage) que sugirió el uso tarjetas de manera repetida con un propósito similar al que tienen las subrutinas de hoy en día. Ada Lovelace está considerada como la primera programadora de la historia.
A principios de los años 40, Howard H. Aiken, de la Universidad de Harvard, construyó el primer ordenador moderno, Mark I, que funcionaba con relés, se programaba con interruptores y leía los datos de cintas de papel perforado.