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El componente geográfico jugó un papel fundamental, puesto que el relieve accidentado dificultaba los cultivos.
Aún así, durante la época clásica, la agricultura griega se adaptó al relieve existente, y en los valles, donde el agua era más abundante, se cultivaban trigo y hortalizas, y en las tierras de las pendientes de las montañas, se cultivaban la vid y el olivo, del cual se obtenía aceite, un producto fácilmente comerciable. También se plantaban higueras.
Entre los olivos y aprovechando los pastos de montaña, había rebaños de cabras y ovejas.
La Grecia del siglo VIII a.C. era una sociedad eminentemente rural, donde la principal riqueza era la propiedad de la tierra.
A partir del año 700 a.C., Grecia comenzó una colonización básicamente comercial a lo largo del Mediterráneo.