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El idioma oficial está ligado fuertemente a la definición de Estado-nación. Para muchos un Estado se define en términos lingüístico exclusivos frente a otras comunidades. Esto dio origen a dos fenómenos en el nacionalismo de la última mitad del siglo XIX:
Aproximadamente la mitad de los países del mundo tienen una o más lenguas oficiales definidas. Algunos tienen una única lengua oficial, como en los casos de Albania, Francia (aún cuando existan en el interior de sus territorios otras lenguas nacionales) o Alemania. Algunos estados tienen más de una lengua oficial, como es el caso de Finlandia, Afganistán, Bolivia, Suiza y Sudáfrica.
En países como Irak, Italia y España, hay una lengua oficial nacional, pero hay otras lenguas cooficiales en regiones importantes. Tal es el caso de Cataluña, Galicia y el País Vasco en España. Algunos países, como Estados Unidos, no tienen una lengua oficial, pero sí está definida en algunas regiones. En el caso de Estados Unidos se impone el inglés como la lengua de uso cotidiano y de instrumento en la enseñanza.
Finalmente hay algunos países como Eritrea, Luxemburgo, Suecia, Tuvalu o el Reino Unido que no tienen definida una lengua nacional.
Como consecuencia del colonialismo o del neocolonialismo en algunos países del África y en las Filipinas las lenguas oficiales y de la enseñanza (francés o inglés) no son las lenguas nacionales habladas por la mayoría de la población. Se pueden dar algunos casos como resultado del nacionalismo, como en la República de Irlanda donde la lengua oficial (el irlandés) es hablado sólo por una pequeña porción de la población, mientras que la lengua secundaria que goza de un estatus legal inferior, (el inglés), es la lengua de la mayoría de la población.
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