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Así se llamaban en la antigua Roma a unas fiestas que se celebraban el día 15 del mes de febrero.
Se celebraban en la gruta llamada Lupercal, situada en el monte Palatino que era el lugar donde la tradición aseguraba que una loba había amamantado a los gemelos Rómulo y Remo. Los festejos estaban dedicados al dios pastoril Luperco, que era una deidad muy antigua de los ítalos.
Comenzaba la fiesta con una ceremonia oficiada por un sacerdote en la que se inmolaba una cabra. Después, ese mismo sacerdote tocaba la frente de los lupercos con el cuchillo teñido con la sangre del animal y a continuación borraba la mancha con un mechón de lana impregnada en leche. Éste era el momento en que los lupercos prorrumpían en una carcajada de ritual.
A continuación se formaba una procesión con los lupercos desnudos, que llevaban unas correas hechas con la piel de la cabra recién inmolada, y con ellas azotaban a las mujeres que encontraban por el camino, como ritual para hacerlas fecundas.
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