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Tradicionalmente el monarca ha ejercido, en mayor o menor grado, todos los poderes del Estado: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. A menudo a este sistema de gobierno se le llama Antiguo Régimen.
Existen actualmente estados en los que el título de monarca se mantiene pero no así los poderes que se le atribuían antaño. Es el caso de las monarquías constitucionales, es decir, democracias en las que la soberanía pertenece al pueblo, pero el cargo de Jefe del Estado corresponde a un monarca de forma hereditaria. En este caso el monarca tiene un papel representativo y de arbitraje y no posee ninguno de los poderes del Estado. En estos casos las monarquías parlamentarias no se distinguen mucho de las repúblicas democráticas actuales. Ejemplos de estos estados son: Bélgica, España y Reino Unido.