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En tiempos de los griegos, éstos dividieron al mundo en dos masas continentales de importancia: Europa y Asia, separadas ambas por el mar. Sin embargo esta separación, diseñada por los marinos griegos, se revelaría pueril una vez que éstos mismos descubrieran que ambos continentes estaban unidos al norte del mar Negro, a través de las planicies que ellos llamaron Escitia, y que se corresponde actualmente con Rusia.
De todas maneras, la noción prendió como un reflejo del talante mesiánico de la cultura occidental, definida ésta en sentido amplio (es decir, como la tradición cultural partida en Egipto y Sumeria, desarrollada en la Antigua Grecia, y completada en la Europa Cristiana Occidental. De esta manera se creó el mito del Oriente Inmutable, que se mantuvo históricamente hasta bien entrado el Siglo XIX.
En la actualidad puede admitirse que la noción de Oriente tiene un carácter puramente pedagógico, por cuanto: