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Combatió contra Santa Anna en la guerra de Reforma, en la que se distinguió como defensor del liberalismo, y contra la invasión francesa.
Cuando Lerdo de Tejada pretendió reelegirse, se levantó contra él (plan de Tuxtepec).
Una vez presidente (1877-1881), hizo cambios constitucionales para poder reelegirse. Así, se mantuvo en el poder de 1884 a 1910.
Su gobierno dictatorial impuso la paz en el país, asolado por guerras desde la Independencia (1921).
Desarrolló la industria, el comercio y el transporte a costa de una fuerte dependencia de las potencias extranjeras. El trazado de las principales líneas férreas, por ejemplo, era de las zonas mineras a los puertos.
A su vez, fortaleció los latifundios, limitó los derechos políticos y reprimió ferozmente a la oposición y a los movimientos huelguísticos (Cananea, Río Blanco).
Las condiciones de vida del incipiente proletariado y de los campesinos, aunado a la represión de los sectores medio e intelectual, crearon una poderosa oposición a su gobierno que desembocó en la insurrección armada bajo el mando de Francisco I. Madero en 1910.
Forzado a dimitir, se exilió en Europa, París en 1911.
Sus restos descansan en el cementerio de Montparnasse, París.