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Su poesía es como una pedrada. Con un lenguaje libre, a veces agresivo y lleno e rabia, otras veces tiernísimo y con unos versos repletos de chistes, blasfemias y tacos, este autor es el contrapunto a los novísimos.
Como narrador ha publicado Inmaculada Cienfuegos y otros relatos y Un placer inconfesable, libro compuesto por relatos escritos desde 1980, de los cuales sólo la primera parte permanecían inéditos.
Ramón Irigoyen mantiene en su prosa un difícil equilibrio entre coherencia intelectual y sinceridad plena, donde el sentido del humor se vuelve una solución irremediable.
Es, además, un reconocido traductor de griego. A esta labor le debemos Poemas, de Constantino Cavafis; Ocho poetas griegos del siglo XX, Orientaciones, de Odiseas Elitis y Medea, de Eurípides.