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En 1912 abandonó el cubismo, con sus formas geométricas y colores monocromáticos, para embarcarse en un nuevo estilo, el orfismo, que se centró en las formas circulares y en los colores brillantes.
Su serie Ventanas (1912) constituyó uno de los primeros ejemplos de un arte abstracto total y una importante referencia en el arte moderno.
Su amor por el ritmo y el movimiento le llevó a realizar varias series de cuadros basados en eventos deportivos, como Sprinters (1924-1926), que culminaron en impresionantes obras abstractas centradas en el ritmo, como sus últimas series Ritmos y Ritmos eternos