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Expulsados en 1492 por los Reyes Católicos (Isabel y Fernando), los judíos españoles se establecieron en el norte de África y, sobre todo, en el antiguo Imperio Otomano, donde se establecieron en comunidades y conservaron su patrimonio cultural.
Es destacable el mantenimiento de su lengua, conocida como "español sefardí", "judeoespañol" o "ladino". Su origen se encuentra en el español de finales del siglo XV, pero fue evolucionando con el paso de los siglos y conservó una gran vitalidad hasta el Holocausto, que supuso el exterminio de muchos de sus hablantes y provocó el desplazamiento de muchos de los supervivientes. En la actualidad, diversas instituciones de Israel están tratando de recuperar el uso de esta lengua.