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Viven en el extremo norte de Brasil, en una zona que comprende parte del estado de Roraima y del Amazonas, y el sur de Venezuela.
Sus viviendas tienen forma cónica y viven en grupos de familias. La situación de las cabañas puede variar y en numerosas ocasiones, en lugar de formar un círculo, forman una hilera. Las familias comparten con las otras familias del poblado los productos obtenidos de la caza, la pesca o la cosecha.
Cuando se reúnen alrededor de la hoguera, comen, conversan, fabrican su utillaje, explican sus historias, mitos, leyendas y enseñan a los niños sus tradiciones.
Los yanomamis se desplazan continuamente. Estos desplazamientos están motivados por el corto periodo de la productividad de sus cultivos. Cultivan plátano, ñame, batata y malanga. Un cultivo dura dos o tres años. Cuando la tierra se agota, el poblado crea una nueva plantación en otro lugar.
Practican la caza todo el año, individualmente o en grupos, y utilizan el arco y la flecha.
La pesca se practica con menos frecuencia y para pescar utilizan la flecha y el timbó, que es una especie de planta que zarandean en el agua para atontar a los peces.
Recolectan productos silvestres y también comen ranas.
Los objetos que fabrican son muy rudimentarios y acostumbran a adaptar para sus necesidades aquello que encuentran en la naturaleza.
Utilizan un veneno mortal llamado curare, que ponen en la punta de las flechas.
Debido a las condiciones climáticas, su vestimenta es muy sencilla. Se pintan el cuerpo con muchos colores, principalmente rojo y negro. Se ponen collares, plumas en la cabeza y atadas a los brazos y pendientes.
Cada poblado tiene su líder y su autoridad se fundamenta en la experiencia y la sabiduría.
Un poblado puede tener entre 30 y 150 personas. Actualmente, la población yanomami se calcula en cerca de 22000 personas. \n